El Semele, en principio, uno mas. Nariz madura, con algo muy fino de cuero, madera a borbotones y un leve toque frutal, levísimo. En boca es suave pero por el lado de lo plano, lo común y lo habitual. Un vino que acompaña pero como a treinta metros de distancia.

Y al hilo de esto he pensado que a lo mejor la industria (la industria, no el vigneron a la española) ha conseguido lo que quería. Las generaciones mas jóvenes, estos chavalotes de quince, de dieciséis años, prefieren la baguette del Carrefour al pan de barra autentico gallego, ese que dura días en perfecto estado. Prefieren la bollería y la crema industrial a la tarta y la repostería mas tradicional. Y yo me pregunto, ¿porque no pasara lo mismo con los mas adultos, los mas "veteranos"?
Aquí donde yo vivo y se me pide un vino para regalar a un mayor de 50 años, indefectiblemente me veo en la obligación de recomendar Rioja o como muy aventurado, Ribera del Duero. Y no es sometimiento al mercado sino realismo a la historia. Es que no han bebido otra cosa en décadas. Casi podría recitarlos de memoria (Alcorta, Coto, Bordon, Marques de Caceres...) y en base a esto madera, madera, mas madera y algo de uva pero muy de fondo, como insinuando que si, que se trata de vino.
Y con estos mimbres la cosa es muy complicada. Solo esperar que la próxima generación, la nuestra, mas atrevida y mas dispuesta a la crítica sincera y al "muestreo" del mercado, al menos abiertos en parte a probar "cositas", se decida por esta tendencia a los vinos mas representativos, mas diferentes los unos de los otros, menos uniformes y mas atrevidos con un mercado que los trata bastante mal en general.
Si ha parecido mas una suplica que un deseo... es porque lo ha sido.


