miércoles, 18 de mayo de 2016

Para nada

Me comparte el amigo Smiorgan un enlace con el ánimo (serás cabrito) de que me encienda y reparta leña a manos llenas. No seré yo quien se corte en este sentido, está claro, pero quiero ser hoy algo más analítico porque el tema lo merece y porque, quizá por casualidad, he dado con el que yo creo que es el quid de la cuestión; que el consumidor general de vino ha empezado a escribir en la web y lo hace sin cortafuegos.

El blog en cuestión es este y el post este otro. Se trata de un individuo que nos habla de su "refugio personal" para comprar vino. La gracia del asunto, para nosotros, el colectivo "enofriki", está en que el tipo da por bueno que existen vinos por menos de 3 euros que son algo más que sopa de químicos, que hay que fiarse de que un vino es "100% albariño" a pesar de ir por la vida sin contraetiqueta y a ese precio y que, además, cree que comprar vino a ese precio te permite beber "un Albariño de calidad sin el sablazo que conlleva comprar un D.O. Rías Baixas". Acabáramos.

Todo el asunto no pasa de provocar risa, claro está, salvo que uno crea que este personaje es algo más que un consumidor irresponsable. Porque el tipo afirma que, en una charla con un "enólogo", el supuesto especialista le dice esto:

"– Si estás empezando en el mundo del vino, no te gastes más de 20 euros en un tinto, ni más de 6 en un blanco.

– Pero, ¿hay Albariños que se venden mucho y cuestan unos 15 euros?

– ¡Claro! Porque la gente los compra a ese precio."

Hay que joderse. Tu, compañero viticultor, matándote a hacer vinazos que salen al mercado a 9, 10 y 11 euros y resulta que eres un ladrón sin escrúpulos. Quien lo iba a decir, ¿eh?.
Dejando a un lado que la conversación haya sido o no real (y que deja bastante mal a la profesión, dicho sea de paso) el principio que manifiesta es de capitalismo de libro..."cuestan eso porque la gente está dispuesta a pagar por ellos ese precio". Pues claro. Si Milton Friedman levantara la cabeza.

Otra cosa que surge al ver el post es pena. Hay gente que considera, seguro que con toda la razón personal puesta en ello, que Marques de Vizhoja es un vino 100% albariño, algo que no solo desacredita la ausencia de contraetiqueta (sobre esto habría mucho que hablar) sino la propia justicia en las múltiples denuncias interpuestas contra esa bodega por usar el supuesto origen gallego de sus vinos como argumento de venta. La Xunta multó al grupo industrial en 2011 y el Supremo acabó por ratificar la sanción años después. Ni son gallegos ni se les espera.

Así las cosas, lo que se puede extraer de todo este cataclismo de pura incoherencia, falta de rigor, sentido común, respeto al vino, a las variedades y al trabajo de los viticultores y mal gusto en general es esto: no hemos aprendido nada.

El consumidor medio no sabe de nada ni tiene interés alguno en saber sobre nada. Él solo sabe que en el super hay lo que hay y que, en algunos casos, es económico. Y ese solo hecho, separado de la pasión, la devoción a la viña, el respeto, la sostenibilidad y el trabajo en campo y bodega, hace inviable cualquier otra forma de defensa de los vinos auténticos, verdaderos o únicos que tanto gustan "a este lado de la fuerza". El tan cacareado trabajo de indetificación y visibilización que habrían hecho las DOs cae también por su propio peso ante el argumento citado y ante el hecho cierto de que, en Galicia y fuera de ella, quien más sigue vendiendo haciéndose pasar por gallego es Marques de Vizhoja. Así que sí, tener contraetiqueta no sirve para mucho, ni por barato ni por caro, ni en España ni fuera de ella.

La pregunta de hecho a estas alturas es: ¿Para que sirve exactamente tener contraetiqueta?. No es un asunto baladí. Para la mayoría consumidora, el vino vale lo que dicen que vale. Y si cuesta más, es por imponderables tales como la escasez, la antigüedad o la marca. No cuestan más porque producirlos conlleva mayores costes. Cuestan más "porque quieren" y si hay alguien tan "tonto" como para pagarlos a ese precio allá el. Ese es el trasfondo de todo esto, el que emana de esos post y del espíritu que defiende. "La calidad no es cara", "lo que vale mucho cuesta muy poco", etc.

El superdescuento acabó con la posibilidad de ofrecer nada a su justo precio en alimentación en este país, incluido el vino.  Y ahora, además, te lo escribe cualquiera en un blog para que todo el mundo lo lea. Genial.



viernes, 6 de mayo de 2016

Retrato

La definición clásica dice que un retrato es la "Representación de una persona en dibujo, pintura, escultura o fotografía". Por lo tanto "quedar retratado" sería la definición para cuando a uno le hacen un retrato. Pero el lenguaje, en castellano, es rico y diverso y la mala leche es mucha. Así que, popularmente, "quedar retratado" es la expresión de cuando a uno lo pillan a pie cambiado, o con el carrito del helado o con la maleta sin hacer... vamos, que queda uno en evidencia.

Esto días hablaba con alguien sobre las circunstancias por las que Javier Alén, el de la foto, (Viña Mein. Ribeiro) ha llegado a contar (y a contratar, que carajo) con el conocido como "Comando G" para que firmen sus vinos en las añadas próximas a partir de 2014.

La figura del propietario de Viña Mein y de este Ribeiro, con sus luces y sus sombras, ha sido ya motivo de mención para este blog cuando este Ribeiro fue de los primeros en abrir lo que era un nuevo camino, hace ya casi 10 años. Viña Mein proviene de un viñedo "consciente" a base de treixadura, planteado como un vino de gama alta y desde unos principios y una filosofía que, al menos inicialmente, perseguía algo más que hacer mucho vino y venderlo a buen precio.

En un momento determinado, alrededor de 2009 esto mudó en más de lo mismo, el volumen pasó de unos miles a decenas de miles y de ahí a la irrelevancia. Y aunque, por supuesto, se sigue vendiendo y mucho el Viña Mein, la cosa ya no es como se contaba y el mando de las operaciones lo han cogido otros. Y es ahora, en este momento, cuando David Landi y Fernando García se hacen cargo del tenderete. Es ahora cuando se pone al frente de Viña Mein, Tega do Sal y "Tinto Atlántico" (que poco naturales y respetables me parecen los genéricos, incluso los que no están registrados...que pobre y falto de imaginación. ¿Que es lo que se pretende decir, que el resto de los tintos atlánticos no lo son?)

Esta llegada puede significar, no lo discuto, un giro claro en la viticultura, las elaboraciones y los procesos, por supuesto. Pero es, de entrada, una pura maniobra cosmética de cara a la galería que servirá, no lo dudo, para defender el argumento de que "ahora si" Viña Mein se sube al carro de los "nuevos" de los "revolucionarios" y los "innovadores". Y lo hará, y esto también es un hecho, por obra y gracia del dinero que Javier Alén si puede pagarle a Comando G y que otros no pueden.
Los cambios, cuando los haya y si los hay, vendrán después. Pero el beneficio es desde ya para alguien que no hizo el mismo esfuerzo ni tomo las mismas decisiones que otros que, sin la misma capacidad económica, han realizado desde siempre un esfuerzo claro por la calidad, el respeto y la sostenibilidad, más allá de nombres y marcas.


Porque Comando G es un sello, un emblema, una marca.  Y a nadie escapa que contar con este emblema para redefinir un proyecto, da caché. Si uno firma con, pongamos por caso, Michel Rolland, ya podemos hacernos una idea de como serán los vinos (microoxigenación, madera nueva de roble francés con tostado medio, sobre-extracción...). Firmar con Comando G es querer que tus vinos sean de un modo concreto, vale, pero a efectos del mercado es, también, una nueva fachada. Es el beneplácito para decir que haces "Tinto Atlantico" y ser creíble, al menos para una parte del frikerio. Es subirse al vagón de la revolución sin que se tenga que parar el tren y sin tener que explicar, como dije hace unos días a alguien haciendo un chiste, "Porqué el grupo Entrecanales hace vinos frikis", cuando ni es su idea ni su pasado.

Es "lavar" el dinero que pasó del ladrillo a la viña, convirtiendo sus vinos industriales u semi-industriales en "productos de la revolución" sin tener que pasar antes por el mercado minorista, la exposición publica al enofriki y su blog o el filtro de las cartas de prestigio en restaurantes y locales emblemáticos para el público más interesado y fiel al vino. Todo ese proceso de consolidación, que lleva a la formación de una estructura de distribuidores, con sus idas y venidas, Javier Alén y sus vinos "Comandizados" no lo tendrán que pasar. Porque a el ya lo distribuyen los grandes, el ya está en múltiples puntos de venta y, la verdad, si hace esto no es para darse a conocer. Es para legitimar que, ahora si, sus vinos son "del grupo".

Quizá me equivoque, pero esto es lo que parece... y plata no es.





* Fotos: de la web de Proensa y del blog Bacomanía

lunes, 25 de abril de 2016

I just Believe in Billy Wilder...

Creo que ya he hablado en alguna otra ocasión de esta frase de Fernando Trueba. Eso de "I would like to believe in God in order to thank him. But I just believe in Billy Wilder... so, thank you Mr. Wilder", algo así como "no creo mucho en Dios por lo que es, más bien creo en Billy Wilder"(traducción libre) es mucho más que un chascarrillo o una frase original. Creo que esa frase describe hasta que punto son importantes las referencias personales, ya sean éticas, filosóficas, profesionales o nada de lo anterior, en las que cada uno enfoca sus filias y fobias.

Yo no creo en la enología, más bien creo en Rafa Bernabé. Así que... gracias Sr. Bernabé.

Ayer (jueves 21A) tuve oportunidad de leer en un diario digital una entrevista con Miguel Torres, responsable del complejo industrial Bodegas Torres que bajo el título "Yo no invertiría en el sur de España", afirmaba cosas como que "Todavía existen regiones de España con un potencial de vino sin explotar pero yo no invertiría en el sur de España ahora ya que es demasiado cálido y va a sufrir los efectos del calentamiento global". Gracias a Dios.

Una de mis mayores pesadillas es que Rafa nunca más haga vino. Me perdería la Monastrell, la Moscatel, la Merseguera, la Garnacha tinta, me quedaría sin La Amistad, sin El Carro, sin Tragolargo o sin Beryna. Y sufriría, claro. Ni de lejos sentiría un malestar igual si todo el grupo Torres respondiera en los tribunales al fin por aquellos delitos que se le imputan y por los que está siendo investigados en varios procesos. De hecho sentiría alivio.

No soy ajeno al efecto que el cambio climático está generando, incluso en el viñedo. Al presidente de la DO Ribeira Sacra, sin embargo, no le parece que el aumento en la temperatura media, la variación en las precipitaciones y su efecto sobre el suelo y la viña tengan importancia. Así lo afirmó en Onda Cero (os adjunto el twitt donde me enteré yo) y responde, creo yo, a una lectura sesgada de este buen informe de Iria Rodriguez para el CSIC.



El cambio climático influirá, no cabe duda, en la viña y en el vino. Pero tengo claro a quien le influirá antes. No creo que sea a Rafa, que lleva años preparando su suelo para lluvias cada vez más escasas y una temperatura media más alta. No creo que le afecte porque no vendimia en función al volumen de producción sino que lo hace en función a la calidad (y es por ello por lo que acaba por vendimiar en algunas añadas casi en Julio)... no. No creo que le afecte el primero y yo si creo que es bueno invertir en el sur donde, al menos, hay gente como Rafa y su viña en la que invertir.

Creo más bien que es una postura de puro desprecio decir que uno invierte en Benabarre (pirineo catalán) y no en el sur de España porque el cambio climático ha hecho que la temperatura media suba 3ºC en Alaska en los últimos 4 años. A lo mejor hay que decir que la temperatura ha subido por, entre otras muchas razones, la pésima gestión hídrica de los suelos, el abuso del transporte y la consiguiente contaminación del aire o el uso incontrolado de Ozono (O3) o Clorofluorocarbonos (CFC). Y, de paso, preguntarse quien contamina más, si una bodega en Alicante o un grupo multinacional con mercado en no se cuantos países y que elabora docenas de productos distintos. A lo mejor lo que hay que hacer es invertir al sur a la vista de que pueden ser de los primeros en ver afectada su economía por la contaminación de la empresa del Sr. Torres en su acción comercial multinacional.

Para terminar por hoy, una reflexión. Decía Mark Twain: "No es lo que no sabes lo que te pone en dificultades, sino lo que crees que sabes, pero no es así". La cantidad de cosas que no se es abrumadora. Pero si sé apreciar la belleza cuando la tengo delante. Y Rafa hace cosas realmente bellas.

Torres no. Torres hace dinero y, presuntamente, no siempre de la manera legal.

Por cierto, hoy comienza en Barcelona Alimentaria 2016. Un evento donde estará Bodegas Torres. Rafa no, no lo busquéis. Será que no quiere vender o que andará liado haciendo vino en su viña.
Es que hacer vino obliga a mucho. Preguntadle a Rafa o, mejor, bebed sus vinos y lo entenderéis.







Fotos: Del twitt de marras y de la viña de rafa sacada de su web