lunes, 19 de mayo de 2014

Militancia en la emoción.

La diatriba de hoy tiene un fin y un afán. Esto quiere decir que tengo un interés especial en algo mas que en dejar escritas una serie de palabra mas o menos conexas o inconexas en este "sitio de mi recreo".

Se me critica (con razón, creo yo) que hago mención a apartados de mi vida privada en este blog con cierta recurrencia. Ya digo que es así. Pero lo hago con una motivación y sin ocultar que (como cita la frase de portada de este blog desde hace años) se trata de hablar de vinos y comidas en este blog sobre "mi vida, la que me supera y la que no".

También he dicho en este espacio (con todos los peros o entre lineas) que me cuesta vivir. Me cuesta mas que a otras personas porque algo dejó de funcionar bien en mi cabeza y eso me llevó a un terreno desconocido para mi. Un campo de batalla nuevo, de lucha contra la ansiedad, contra la depresión y contra mi mismo, algo que nunca había sufrido. Por esto y por otras muchas razones fui tomando a lo largo de los años y hasta hace un par una serie de decisiones que me alejaron del vino. Culpé, equivocadamente, a este y a su mundo de haber fracasado como empresario, algo falso y mezquino.

Esta circunstancia me llevó a separarme también de las personas, algo erróneo siempre, aunque realmente estas hubieran tenido alguna responsabilidad en mis actos. Con algunas de esas personas perdí el contacto y no lo recuperé mientras con otras, por suerte para mi, no fue difícil volver a estar. El vino me ayudo a ello y le estoy  especialmente agradecido.

Pero si algo noté en el universo vino tras mi particular espantada fue el cambio de paradigma que entre 2008-2009 y 2012-la actualidad se ha venido produciendo. Un cambio de paradigma viene siendo una modificación sustancial del escenario en el que se dirimen las acciones, el "día a día" de una determinada actividad. En el mundo del vino, el paradigma, por así definirlo, el escenario lo marcaban una serie de personas e instituciones al amparo o bajo el paraguas de grupos, empresas o bodegas de referencia. estas personas (casi instituciones en algún caso) marcaba las tendencias, el camino a seguir y lo que estaba bien o mal en materia de calidad y buen gusto. Ellas/ellos decidían, por la mera emisión de su opinión en el foro adecuado, que algo estaba bien o mal. Que algo, para entendernos, estaba rico o no y que su precio era, por ejemplo, el adecuado.

Podría aqui citar una serie de nombres. Presidentes/as de DOs, restauradores con décadas de experiencia y prestigio, presidentes/as de asociaciones profesionales, algún periodista...creo que se me entiende.

Este domingo, en un programa de televisión, escuché una frase que quiero compartir con vosotros. Un ciudadano era cuestionado sobre que le parecía cierto político y este encuestado contestaba que le gustaba que el político fuera mas filósofo que técnico porque "a veces hay que ser algo marciano para ver la Tierra con perspectiva, desde afuera". Coincido plenamente y ademas creo que eso nos separa muchas veces de acertar en la toma de decisiones estratégicas y a medio plazo. Lo contrario, el "cortoplacismo" y la decisión basada en lo coyuntural es el pan de cada día y pienso que para muchas cosas no solo no sirve sino que es perniciosa para ciertos sectores, por ejemplo el del vino.

Las personas que dirigían, con su criterio particular, sus intereses y sus decisiones personales el mundo del vino en Galicia y, creo, en España, han cambiado. Han cambiado sus caras, sus identidades, incluso su perfil personal. Menos poder, menos política, mas dinero y mas capacidad. menos intereses partidistas, mas intereses partidarios. Mas distribución, menos administración. Mas restauración, menos tradición culinaria. Mas gestor, menos pasión por el vino.

Donde había "asociación de..." ahora hay "instituto de...". Donde "presidente" ahora "gerencia". Y yo no se si esto va a ser, si es, bueno, malo o todo lo contrario. Yo no estoy cualificado para saberlo, no estoy cualificado para entender la profundidad de estos cambios. pero si estoy preparado, sobradamente, para decir que estos cambios producirán una huella indeleble y diferenciada en el mundo del vino en Galicia y también estoy preparado para decir que no se si esta huella va a ser positiva o negativa.

Lo malo (y lo bueno) de los cambios de paradigma es que nunca se sabe en que va a terminar la revolución que los encauza. El paradigma que marcaba que el vino auténtico se elaboraba dentro de ciertos parámetros se fundamenta en la confianza. Confiamos en que el productor es realista, acepta sus limitaciones y la voluntad del clima, la planta y la tierra y consiente. Y esto puede ser así, pero también puede no ser y aquí juegan un papel fundamental los/las personas que dictaban, que dirigían las corrientes generales de opinión dentro del universo vino. Y la gracia está, como siempre, en el contraste entre aquello en lo que te sueles apoyar y aquello que tienes enfrente de tu argumentario. Algo así como creerse lo que cuenta la Razón o lo que dicen en el telediario de La Sexta. Si crees al uno no puedes tragarte lo que dice el otro y viceversa.  Ambas cosas son imposibles en el mismo universo físico.

Por la misma regla de tres, es imposible que una DO registre años de calificación entre "Muy Buena" y "Excelente" durante mas de una década. Si te crees esas notas de prensa emitidas por las DOs no puedes creerte la realidad que dice que  a veces llueve mucho, a veces poco, a veces hay pestes y a veces no y a veces el elaborador se levanta bien y otras tiene un mal día. La realidad de la vida te impide tragarte la propaganda (esto sirve para muchos aspectos de la vida, si)

Cuando uno se leía a cierta presidenta de DO en sus entrevistas, hablando de una calidad que negaba a la mayoría de sus vinos en pos de una cantidad que aumentaba año tras año, no podía creerse ni la mitad de lo que esta decía. Y si uno se creía esos apoyos públicos al aumento de la cantidad legal a vendimiar por hectárea no puede creerse que algo después fuese exclusivo o diferenciado.
Esto está directamente vinculado con la confianza. Si uno no puede fiarse de aquellos a los que sigue solo para lo guíen por los procelosos caminos del vino de calidad entonces lo que hace (o debería hacer) es cambiar de prescriptores. O ignorarlos a todos y jugársela (o acudir el día 14 a Tui y participar en "A Emoción dos Viños", claro)

¿De quien nos fiamos?. Mi respuesta es de nadie...y de todos. Es vital ser certero pero también ser valiente. Leer mucho, a muchos y no dar por cierto a nadie. Evaluar los costes de algo en base a que una minoría lo tenga por cierto es arriesgado pero a veces marca el camino de la diferencia, de la individualidad. Los costes son elevados, los costes emocionales sobre todo y yo de eso se un puñado.
No se si se tanto como para fiarse de mi, pero si alguien quiere fiarse yo no me perdería A Emoción de 2014 porque no creo que haya nada parecido en quilómetros a la redonda. Yo estaré.

Decía al principio que esta diatriba de hoy tenía un fin y un afán. El fin, obviamente, es dar a conocer la nueva edición de "A Emoción..." para este 2014 como parte de un todo "militante" y abierto. El afán pasa por conseguir que aquellos que lo conozcan y lo disfruten se conviertan a la nueva religión de los mas "frikis" del vino. Asumiendo sus costes, claro. Costes que van mucho mas allá de lo caros o baratos que son los vinos que nos gustan. Costes emocionales. Esos costes.





*Fotos: M. Fabregat, Logo da organización e observatoriodelvino.com

jueves, 10 de abril de 2014

El vestido nuevo del emperador.

"Influencer", "Gurú",  "Impacto", "Blogtrip". Decía Lincoln (a el se le atribuye al menos) que "cada nueva dificultad es una oportunidad disfrazada", algo en lo que coincido. Esto mismo deben de pensar una larga lista de personajes (cuando una persona transgrede socialmente a si misma y su entorno se la puede considerar personaje) que estos días aprovechan para hacer caja con la credulidad de empresarios, bodegueros o incautos en general al hilo de una supuesta capacidad de difusión. Y no me resisto a dar mi opinión, claro.

En primer lugar os invito a leer este articulo de Javier Sanz "glosando" la figura del "influencer" término que en ingles sustituye aquí al mas complejo "prescriptor de opinión" que a algunos ya nos producía cierta risa. Se trataría, por resumir sin complejos, de aquel individuo/a que a través de su opinión, supuestamente lanzada a miles de personas vía web, logra influir en el gusto/la compra/el interés de estos por determinado producto o servicio.

Y siendo cierto algo de todo lo dicho anteriormente hay que dejar claros un par de matices. El primero pasa por definir qué cosas son realmente "influibles" y cuales no. El gusto de alguien es algo en lo que se puede influir, pero ni en dos días ni porque lo diga únicamente una persona. Eso el gusto, ojo. No la moda. La moda, como puro impulso descontrolado y temporal que es, si puede recibir influencias determinadas en forma de flash, de foto, de opinión sesgada desde un "influencer". El vino, por ejemplo, no.

Para cambiar el gusto de los Españoles por los vinos frutales, de pura uva sin aditivos, en muchos casos cargados de "defectos" técnicos pero producto únicamente de una tradición artesanal, casera si me apuráis, por elaborar vinos, hicieron falta mas de 30 años, una legislación ad hoc, la industrialización del campo en España y años de publicidad y difusión constante en medios de comunicación tradicional. Es cierto que alguien puede decir que le gusta un vino y parte (o muchos) de los 3000 lectores de su blog (el que sea) le hagan caso. Pero en esa decisión no pesa solo que lo diga pepito o citranito.

Pesa, y no poco, la credibilidad que este tenga.

En segundo lugar. Yo trabajo en marketing y, a mi microscópico nivel, si hay algo que reduce o directamente elimina la credibilidad de alguien es la publicidad. Ver un blog con una o dos referencias publicitarias a verlo plagado de anuncios, incluidas una simples lineas "recomendando" o "apuntando a lo importante de" o "considerando fantástica la relación calidad/precio" de algo que no termina de encajar en esos términos, es la mejor forma de lograr que alguien no se crea ni una palabra de lo que ese supuesto "influencer" dice.

Jancis Robinson es influencer. Lo es para el mercado anglosajón, en la medida que lo puede ser Oz Clarke, por ejemplo. Igualmente el ínclito R. Parker Jr., o en España lo fue Peñin. Y ninguno de los cuatro (bueno, ninguno de los dos últimos) lo es para todo el mundo en el vino. Para una pequeña "aldea que resiste ahora y siempre al invasor" (gracias Asterix) los influencers en materia de vino son ya solo algunos viticultores, un  puñado de blogers de los que se gastan la pasta en vino pero sin ver un duro y un puñado de amigos, consumidores y algún sumiller y enólogo con arrestos para llevar la contraria a lo establecido. Y este tipo de credibilidad no se compra y es imperecedera. No hay manera de lograrla sin tiempo y constancia. Y desinterés, al menos aparente.


Creo que hay muchas personas que, al calor de un relativo interés de la televisión por lo gastronómico en época reciente, están aprovechando una supuesta capacidad para influir en el publico para hacerse con unos dineros. Y no me parece mal, ojo. Al menos no es dinero publico, no es robado ni procede de ninguna caja B...se supone. Lo pagan las marcas y eso demuestra lo mal asesoradas que están en materia de "quien es quien" en la web y, aún mas importante, quien merece la pena como portavoz a la hora de impulsar meditaticamente una marca.

Esto me ha recordado el relato del famoso cuento sobre el "Vestido nuevo del Emperador". Ese regente encantado de conocerse que quería para vestir algo tan nuevo y tan distinto que acabó saliendo en pelotas a la calle vestido con un traje de "hilo invisible" que un "influencer" de la época ofreció al emperador como enorme novedad y vanguardia absoluta de la moda. Las risas de los conciudadanos del emperador vanidoso lo dejaron en evidencia.

Algunos "influencers" hacen lo propio hoy con marcas y medios. Las "risas" se leen ahora en Twitter o Facebook.

miércoles, 2 de abril de 2014

Principiantes.

Es norma que en ciertas cuestiones al rededor del mundo del vino las opiniones correctas son las siguen cierta "linea". No hablo de censura o de lineas oficiales u oficiosas, no. Digo que existen cosas que, para la mayoría, caen de cajón y que por ahí nos guiamos. Al grano.

Una máxima de las opiniones al respecto del mundo del vino afirma que si se quiere que la situación actual (de caída permanente del consumo desde hace años) mejore hay que iniciar en el consumo de vino como opción a nuevas generaciones y nuevos consumidores. En este sentido, se apunta que existe la necesidad de vinos económicos y "accesibles" a nivel de gusto genérico para que, desde ahí, esos nuevos consumidores se aventuren en explorar elaboraciones mas tradicionales o clásicas o, todo lo contrario, vinos de naturaleza moderna o de corte natural o ecológico.

Y yo, como en otros muchos casos, no creo que existan lineas claras que marquen como se cambia una tendencia que indica que, al menos sin remedio hasta este mismo año, el mundo del vino está condenado. Condenado a ser un subproducto residual, valorado por una minoría y consumido de modo general por cada vez menos gente. Ayer se presentaba el informe sobre "Datos de Consumo Alimentario en España 2013" que aporta el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.


Y una vez mas (y van...) el consumo de vino cae. La caída es del 3,7% y por categorías, caen principalmente los espumosos y cavas (un 9,3% menos) y los vinos sin indicación de calidad (un -5,4%). Solo sube el consumo de vinos de aguja (+4,3%) lo cual me hace preguntarme por lo detalles que llevan a estas conclusiones, ademas de lo evidente. Pero el hecho contable es que sigue la caída (en este caso en el consumo en hogares y hostelería) como ya matizo en su informe el Observatorio del Vino. Y la pregunta sigue siendo la misma; ¿como se cambia esto?.

Aun mas. Yo me pregunto0, ¿Se puede cambiar esta tendencia?. Y creo que esta pregunta es un buen principio porque para ella yo al menos tengo una respuesta viable. Mi respuesta es: en el actual contexto no.

Por ir por partes. Es publica mi opinión sobre la actual estructura administrativa y de reparto de poder en el mundo del vino en España. Creo sinceramente que el modelo administrativo es anacrónico y poco efectivo mas allá de lo básico (la sanidad de los productos y su seguridad jurídica) y que el actual reglamento de la DOs (con todos los matices admisibles) es en la mayoría de los casos de risa. Creo que hay demasiadas cosas que se hacen de espaldas a la realidad del mundo del vino a la altura de Abril de 2014 y demasiadas que se hacen ignorando directamente a una gran parte de los productores. Creo que se insiste en el error sin siquiera analizar las consecuencias de continuar con el actual sistema y creo, en este caso casi es una certeza, que los actuales dirigentes del mundillo no son ignorantes de sus decisiones erróneas. Simplemente se trata de lo divicil que es parar una inercia cuando esa inercia es positiva para los intereses de los mas grandes.

La muerte lenta de la industria del vino es consecuencia directa de ese total desprecio por lo innovador de entrada. ese desprecio por aquel que quiere hacer cosas distintas dentro de los márgenes establecidos, por ejemplo, en países con mayor tradición y mayor peso comercial que el nuestro (Francia, por ejemplo). Y esta actitud es la que hace muy divicil que me crea que la segunda pregunta (y no menos importante) para el cambio de tendencia este ni siquiera presente en las mentes de los dirigentes del mundillo. ¿Como ganamos nuevos/futuros consumidores?



Alguien sabe (con certeza, estadística,mente y a lo largo de varios años) si realmente un chico de 25-30 años está dispuesto a beber vino?, ¿Seguro?. No hablo de lo que bebe, ojo, hablo de lo que estaría dispuesto a beber. Steve Jobs, preguntado por la necesidad de hacer estudios de mercado para averiguar que querían sus clientes respondió: "No, porque la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas". Henry Ford dijo una vez que "Si les hubiera preguntado a los clientes que querían me habrían contestado: "Un Caballo mas rápido¡¡". ¿Sabemos si quieren vino, si lo quieren a diario, de vez en cuando, solo en celebraciones?.

Cuando surgieron los primeros vinos de calidad fuera de las DOs (sin sello ni contraetiqueta, pero de reconocida calidad y precio elevado) algunos, no pocos, apuntaron a la enorme complicación de que se vendiesen a ese precio sin el amparo de los consejos reguladores. Creo que a día de hoy ya nadie duda que esos vinos (la mayoría) han conseguido cimentar y multiplicar su presencia e incluso, sospecho, ocasionar nuevos consumidores o "fijar consumo" al rededor de un tipo de vino del que hablamos a menudo en esta casa (los vinos auténticos o verdaderos).

Así que, tal vez, la pregunta o la respuesta no pasa por vinos masivos que abran un nicho de consumo a nuevos degustadores que, luego, no se sabe muy bien como, pasaran a buscar mejores y mas originales vinos de mejor calidad o exclusividad. A lo mejor debemos bajar al subsuelo y preguntarnos: ¿Si nada cambia (reglamentos, administración, focos de poder y toma de decisión) en la cúpula, es posible que cambie algo en la base?


*Fotos en la web.