jueves, 6 de noviembre de 2014

Vivir el vino.

Hay un movimiento creciendo en estos últimos tiempos en el mundillo alrededor de la necesidad cierta de que el consumo de vino en España aumente. Es un hecho matemático, constatado en multitud de estudios, que el mercado Español "tapa" la perdida constante de consumidores en España por medio de la exportación cada vez mayor de vino a otros países. Pero esta circunstancia, que tiene claramente definidas sus dos vías de consumo preferente, no está dejando ver la realidad de un producto, un mercado y su necesario entendimiento por el bien del sector y su futuro.

Se puede beber vino por múltiples razones, pero hay dos que lo vuelven un consumo estimable. O bien uno padece una adicción (diagnosticada o no) o bien le apetece y lo consume.
En el primer caso hablamos de un grave problema, con ramificaciones fuera del vino y que tocan mas directamente a los destilados, si, pero yo soy gallego y hay realidades evidentes de esas que no salen en los telediarios que son palmarias. El numero de personas que compran vinos de bajísima calidad con una frecuencia asombrosa (cajas de 12 para una familia de 3 miembros...a la semana) es mencionable. No hay estadísticas de esto porque es muy difícil preguntar por algo que toca tan directamente a la vida de uno, pero es vox populi en el rural y no creo que sorprenda a nadie.

Así que el consumo masivo suele llevar aparejada la "necesidad" de beber vino y esa necesidad, para no profundizar en lo personal, puede ser de muchos tipos. Pero los "gurus" y expertos hablan de que consuma vino personas que no tienen esta necesidad, ni cultural, ni social ni personal. Y esa es harina de otro costal.

Leo asustado que para algunos vale todo. "Que lo beban con gaseosa", "el rosado entra muy bien", "las burbujas atraerán a los jóvenes"...y una larga lista de iniciativas a cada cual mas llamativa y menos atinada (siempre en mi modesta opinión de consumidor revenido). Se llama al "glamour", se citan series americanas como base fundamental de la dirección que el marketing debe tomar para "enganchar" a esa joven generación, de entre 25 y 35 años, que ni bebe vino ni lo quiere ver delante. "Usamos un lenguaje complicado, snob, que echa para atrás al publico joven". Decía Kennedy, ante las dudas de uno de sus asesores por lo enrevesado de alguna de las palabras que iba a usar este en un discurso, que temía que el mensaje no llegase al electorado, "pues que la busquen en un diccionario", replico el presidente.
No podemos pretender que para que nuevos consumidores accedan a este universo de emociones en el que nos movemos rebajemos el nivel de la dialéctica. Así se empezó en televisión, y ahora "Adan y Eva" y "Sálvame".

Si a mi me gusta la pintura, el arte y las expresiones artísticas, no puedo pretender que, para que me anime a participar en ellas, se cambie un lenguaje a mi gusto y a mi nivel. Yo creo que si uno quiere saber algo lo que tiene que hacer es preguntar. Y si no obtiene respuesta, seguir insistiendo. Convertir una cata en un botellón o un amontillado en un "vinillo dulce andaluz" no va a hacer que se beba mas vino. Va a hacer que se beba peor.

Por otra parte, si lo que quiere uno es que el mundillo deje el elitismo o esa cierta pátina de exclusividad, lo que tiene que hacer es invertir en ello. Una cosa es proponer una cata de una DO en el Hostal de los Reyes Católicos, a las siete de la tarde un jueves y otra hacerlo en el mercado de Abastos, a las doce y media y un sábado. Aseguro a quien lo haga que una publicidad bien medida y un mensaje claro harán mas fácil que personas de esa franja de edad tan ansiada y necesaria vengan a conocer de que va esto de menear la copa y oler antes de probar.

Si uno quiere dejar de ser snob y elitista lo que debe de hacer, atención, es dejar de serlo. Sin mas. Sin atajos.

Sería también importante unificar un único mensaje oficial. Decir una cosa y la contraria, decirla desde la mas alta jefatura de una DO (cualquiera) y añadir a esto mensajes del tipo triunfalista habitual no ayuda. La generación deseada es una de las mas preparadas (aunque la tele se empeñe en idiotizarlos). Es, ademas, una de las que mayor numero de fuentes de información tiene...y las están usando.
Uno no puede pretender que un tipo/a de unos treinta tacos lea por la mañana en prensa que los vinos de Ribeiro en 2013 son los "mas mejores", según la DO, al mediodía vea que cuestan 2,30 euros o menos en el super y por la noche se encuentre en twitter a un enólogo diciendo que, en su modesta opinión y en la de otros muchos como el (elaboradores a pie de viñedo) no la ha habido peor en mucho tiempo y se hará lo que se pueda. Esa persona, desde la mas absoluta perplejidad, pedirá cerveza.

Es hora de que pasen cosas. Cada cierto tiempo se vuelve necesario que se produzcan cambios. Ha pasado, desde la génesis del capitalismo, en todas las sociedades que han abrazado el libre comercio. El mercado se autogestiona, con vaivenes y contradicciones. Lo hace, y los actores tienen dos posibilidades, agarrase a los restos del barco, negarse a la evidencia e insistir en el error o adaptarse, cambiar y sobrevivir.

Lograr que esa generación entienda el mercado de las emociones que implica vivir el vino no se hace ni a base de traicionarse a uno mismo, ni a base de insistir en formulas caducas. Se hace haciéndolo. Se hace adaptándose. Se hace respetando las raíces de uno y de su producto, adaptando el mensaje a los códigos del receptor, si, pero desde la altura precisa y no reduciendo hasta el absurdo. Se hace siendo noble, no mintiendo y aceptando que le hablamos a una generación que cree y acepta al antihéroe como parte de la idiosincrasia de nuestro tiempo. Fallamos, si, y eso es una forma de evolucionar.
Esta insistencia de la industria en "el mejor", "el mas premiado", "el mas vendido", como avales de algo es pobre y triste y no lleva a ninguna parte. Somos lo que somos y haremos lo que podamos. Esa si es una forma real y adaptable de lanzar un mensaje para ofrecer un producto que se basa en tantísimos imponderables como el vino cuando se hace de verdad.

Esta próxima anécdota es real. A finales de los ochenta, A Coruña contó con un responsable en materia de Turismo realmente preparado cuyo apellido siempre olvido. En una ocasión, con motivo de una reunión con las cabezas visibles de la hostelería de la ciudad herculina y tras horas de debate estéril sobre temas que nada tenían que ver con la raíz del problema con el turismo en A Coruña (por aquel entonces una ciudad a medio hacer, sucia, mal comunicada y agresiva con el visitante) este responsable técnico se levanto, dio varios golpes en la mesa para pedir silencio y con voz grave dijo; "No tenéis ni puta idea". Acto seguido abandonó la sala.

Este personaje, que fue según tengo entendido uno de los responsables de la publicidad y el marketing en los juegos olímpicos de invierno en Turin años después, no duró mucho en A Coruña por razones obvias. Pero creo que su postura, que he compartido en innumerables reuniones parecidas sobre temas de toda índole, es un gran principio para hablar de como vamos a hacer para que se visibilice


La verdadera calidad de algunos vinos como único estandarte que salvará al sector (a todo) de la destrucción en unos 15 años.

No tenemos ni puta idea. Empecemos desde ahí.




*Fotos: De este blog

5 comentarios:

Eudald Collet dijo...

El mercado del vino en Galicia y en menor medida en el resto de España, está adquiriendo un enfoque bastante negativo. Y sí, digo Galicia, y el culpable tiene nombre y apellidos, sus iniciales son R.B. Con esa petulancia, esas capas raídas o esas comidas, donde cuatro vinos de cooperativa ejercen de líderes. Vinos consumidos en todo el mundo, bla, bla. Pero ya no digo encontrarlo en un buen restaurante del centro de Londres, o en Nueva York, cosa harto díficil, es que cruzas los ancares y ya pasa a ser testimonial. Esa chulería de R.B. Ese acogomiento de zonas que no son Rías Baixas y el desprecio por otras que sí lo son pero que están fuera porque no tenía terrenos ningún político allí. Ese señor de juventud embriaga por vinos de mala muerte y destilados de dudosa procendencia, que ahora es fan de esas cuatro bodegas cooperativas, pero que sólo bebe vino los 29 de febrero. Esa familia con un audi de gama baja comprado a 4 años y "cata" esos vinos porque está de moda y da caché, pero se traga de un trozo de queso o un embutido de un tirón. Un mundo contradictorio ciertamente el que nos ha tocado vivir, el camino perfecto para la cerveza y otras bebidas "menos técnicas".

Mariano dijo...

Brillante

Vicente Vida dijo...

Aunque suscribo por completo lo que escribes, me gustaría aportar mi grano de arena. Es cierto que no podemos pretender aligerar la cultura del vino como medio para tratar de acercar a los jóvenes. Trabajo con gente joven, y cada vez menos les puedes a atraer con lo fácil. Eso ya lo tienen, muchos quieren cosas diferentes, que les interpelen. En Newcastle soy el vicepresidente del club del vino de la Universidad, y no puedes creer las ganas de aprender que veo en los jóvenes.
No es menos cierto que lo primero que es necesario enseñar es que para disfrutar un vino no hace falta ningún máster. Como decía Erik Asimov, características intrínsecas del vino son el disfrute y calmar la sed, puede ofrecer muchas más cosas, pero esas dos son imprescindibles, especialmente al comenzar.
No se si me he explicado.
Saludos
Vicente Vida

SIBARITASTUR dijo...

Podía entrar en algunos matices J.L pero no hace falta. Estupendo, certero, gran post.

Jorge Díez dijo...

Triste y real, honesto, como siempre.

Un detalle, no nos engañemos con el señuelo de la "cerveza". Lo que se vende en grandísimas cantidades (y tanto inquieta y atrae a los mercaderes de vino) es lo mismo que ese vino de "destrucción masiva" que criticamos. Vender una buena cerveza no es fácil, no se venden con una foto de un tío cachas o una moza curvilínea, no vale que patrocinen alguna competición ruidosa de cacharros mecánicos. Así que mejor no mirar para ahí con intención de dar a conocer buenos vinos, como muy bien dices, que tú eso lo tienes bien claro.