jueves, 7 de octubre de 2010

La relativa importancia de las cosas.

Estaba yo enfrascado en terminar ese libro del que ya he hablado en otra ocasión anterior... el de Alice Feiring dedicado a demostrar el como R. Parker y su modo de puntuar los vinos influye (¡Y cómo!) en la actitud y elaboración de vinos en todo el mundo, y me dió por pensar en esto. Dice Feiring que mientras entrevistaba a R. Parker, despues de encontrarse con un crítico (el susodicho) enfadado y respondón, harto al parecer de que se le acuse de provocar que vinos de todo el mundo se parezcan hasta el extremo de no ser capaces de identificar el terroir y las características especificas de ciertas uvas en ciertas zonas, después, digo, de tener que eludir el caracter del norteamericano, Feiring afirma que "lo que desee poder decirle fue; Querido Sr. Parker. Por favor, no contribuya mas a bajar el nivel del mundo del vino. Si el cabernet del valle del Loira, o cot, o pineau d`aunis o gamay que bebo empiezan a tener el mismo gusto que los shiraz del Valle de Barossa, tendre que pasarme al Calvados. No es que tenga nada en contra de un buen Calvados, pero una dieta constante a base de el resultaría demasiado triste y tampoco seria demasiado bueno para mi higado."

Y pienso. "Vale, ¿y qué?". Y pienso esto por una razón principalmente. Porque pienso que la escritora neoyorquina y yo mismo muchas veces, equivocamos la dirección de nuestra crítica al hablar de Parker. Mejor que al hablar de el, al pensar que el es culpable, directa o indirectamente de lo que sucede, de la standarización del vino como vulgar bebida, preparado quimico a base de uva mas bien. El ha sido solo, ahora lo veo, el vehículo, pero la auténtica culpa la tienen, en primer lugar, la industria. O mejor, la existencia de una industria. Un ejemplo.


Existía en plena DO Rias Baixas un viñedo. La finca, conocida como Figueiró, albergó y alberga un viñedo de tinto autóctono, Caiño, Souson y Brancellao que dió en muy buenos vinos durante un tiempo. Estos vinos eran los Torroxal, conocidos y probados por algunos de los que por aquí se pasan. En Junio de 2009 el grupo Valmiñor, autor de varios albariños y encuadrable en lo que yo considero que es, sin lugar a dudas "industria" del vino, compro Torroxal y todo su viñedo, incluida la finca Figueiró y sus uvas tintas. Hasta aquí todo correcto. Hasta aquí.

Ayer, después de algún tiempo, tuve ocasión de probar el nuevo tinto de Valmiñor (Valmiñor tinto, a secas). No voy a extenderme, simplemente diré que a mi no me gusta, que tras una nariz con notas generales a las variedades (atlántica, según define la propia bodega) pero sin peso de fruta ni rasgos especialmente llamativos, se esconde una boca vacía, ausente, sin carne, sin peso y sin vino. Nada de la presencia, la frescura si, pero tambien el cuerpo y el sabor que si tenia, por ejemplo, el Torroxal de 2004 o 2005. Vinos de presencia, caracter, nariz abierta, aroma limpio y profundo, muy expresivo de fruta roja madura, con notas florales y de especias. Vinos raciales, que en boca daban o quitaban, pero muy personales, dignos representantes de las uvas atlánticas de las que procedían. Nada que ver con este producto nuevo. Nada que ver con lo que ofreció el mismo viñedo en otras manos y bajo otros criterios.


Dicho esto, no dudo lo mas minimo que se venderá todo. Seguro. No sé ni su precio ni cuanto se hizo pero se venderá. ¿Por qué?. Pues porque responde a un criterio, a una linea, marcada por un mercado y por un equipo de marketing. El criterio es que sea fácil de beber, dejando a un lado si es o no representativo de las uvas de las que se supone que viene. La linea, que encaje en un formato, en un "nicho" de mercado, el de los vinos sencillos y sin complicaciones. El mercado, el de los que buscan cierto grado de "identidad" pero no tienen demasiado conocimiento o interes en el mundo del vino. Solo beber, un dia, en grupo o en pareja, con un pulpo a feira o picando algo. El marketing hará lo demás, seguro. Y a vender.

Ahora bien, todo esto es puramente relativo. ¿A quien le importa que esas uvas y su estilo, su racial calidez, su nariz explosiva, respondan a las pautas naturales de la uva y el suelo donde se asienta?, ¿alguien, fuera de un pequeño círculo, cree imprescindible que la Brancellao, la Caiño Tinta o la Sousón sean consideradas por si mismas y no tras las formulaciones o acciones de un tipo de industria?. Seguro que no. La rentabilidad de un proyecto vinícola no depende para nada de esto. Ni de Parker. Ni por supuesto de Peñin. La rentabilidad de un vino, por desgracia, depende solo de cuantas personas están dispuestas a pagar por el. Y por ciertos vinos, por razones que poco o nada tienen que ver con como esta hecho, hay mucha gente dispuesta a pagar mientras que por otros, menos publicitados, menos extendidos y posicionados en el mercado, menos ajustados en precio porque las prácticas para su producción son mas caras, por estos últimos, el número de compradores dispuestos a pagar lo que sea, es mucho menor.

La opinión de Parker es tan relativa como muchos de los vinos que puntúa. Tan relativa como la mía... aunque seguro que a mí me sigue menos gente que a el. Lógicamente...

viernes, 1 de octubre de 2010

Moulin-a-Vent "Les Michelons" 2008

Bueno, vamos al lío. Cosas que me voy probado cuando puedo y me dejan. Este Beaujolais lo tenia en la tienda desde hacia unos meses y le tenia muchas ganas. Se trata de un Gamay 100% pura cepa, 8 meses de Barrica y recomiendan de 3 a 6 años de botella, aunque como suele pasar mi poca paciencia me ha empujado a liquidarlo ya.


No me ha parecido mal vino, al contrario, me ha gustado bastante aunque el corte no es nada parecido al de un Beaujolais Nouvo (ni siquiera al de los buenos, "Vin de Pais de Gaulles" y demás). Aquí, salen violetas, clásicas de la variedad, fruta a cascoporro y en boca acidez pero controlada. Me he guardado otra para dentro de un tiempo. Veremos entonces. Pinta bien y era económico para el caso (entre 10 y 15 euros). Buen vino.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Una y mil veces mas...

Aquí estoy.

Tranquilos, no voy a explicar la concatenación de situaciones que me ha llevado a una prolongada ausencia aquí, en este lugar, entre mis amigos. No voy a aburrir hablando de fracaso empresarial, ruina, bancarrota o enfermedad. No vale la pena. Además, lo bueno de los tiempos pasados, como voy descubriendo, esta en ver que queda, que vale, que permanece y que cosas simplemente se desvanecen o desaparecen. Queda lo aprendido de un mundo apasionante, universal, desmesurado y redondo. Se van los sinsabores, la sensación de vivir rodeado de patanes, de personajillos pagados de si mismos, de crédulos que alaban al primer pseudo-profeta que les apunta con el dedo y les cuenta cuatro trolas verosímiles. Gente menor.

Queda lo bueno. Amigos de los de verdad, que hacen cientos de quilómetros para verte, para saber de ti, que te llaman mas de lo que lo hacen tus (ejem) supuestos amigos de verdad. Gente potente, de raza, de la que queda muy poca. Me los guardo, ellos lo saben, como oro en paño.

Y sobre todo, queda el vino. Las alegrías que este elixir, una vez conocidos sus vericuetos mas primitivos, los mas accesibles, le puede deparar a alguien como yo son innumerables. Vivo y bebo en base a sensaciones que en ocasiones me han superado. Sabores y olores que me han abierto puertas a sensaciones que desconocía. Evocadoras y profundas. Como el vino. Mejor, como algunos vinos. Porque otros...


He conocido la otra cara de la moneda. Es oscura pero sobre todo es enorme. Abarca a un segmento descomunal de la industria. La industria. Una palabra que me parece mal usada para hablar de arte. O de artesanía. Algunos se preguntaran ¿que ha despertado a este tío después de tantos meses?. Pues eso, la artesanía.
Hace unos días me hice por fin con el libro de Alice Feiring "La batalla por el vino y el amor o como salve al mundo de la parkerización". Dejando a un lado el titulo de la obra (algo pretencioso seguramente) la verdad es que esta lleno de verdades como puños. Coincido probablemente con el 90% del texto y esto, para quien me conoce, resulta seguramente difícil de admitir. Pero es que hay cosas que, si para mi son claras y nítidas, la "industria" no las ha interpretado igual. Y yo lo he visto.

He sido testigo de vinos manipulados al extremo, de una anormalidad disfrazada de "tecnología" o "medios técnicos" o directamente "ayudas químicas" que me han llevado a la nausea y la vergüenza. He observado como, para algunos, la adición de extracto de roble o tanino de castaña es normal y para nada incompatible con "vinos de autor" o vinos de "alta expresión". Pues si, es cierto, expresa una alta falta de ética y respeto al consumidor. Pero es que esta pieza, el consumidor, falla. Mas que una escopeta de feria.

Lo hace reiteradamente, primero por no leer, segundo por no exigir respeto y tercero por dejarse seducir por el marqueting o, lo que es aún peor para mi, el precio. No discuto que deban existir vinos elaborados así, del mismo modo que no me parece mal que existan los refrescos de cola. Claro que estos últimos son tan naturales como el detergente, pero legales y bebibles. Mi queja, mi indignación, pasa por que quieran tomarme por tonto. Un vino, como describe Feiring, cuya etiqueta debería rezar "Este vino fue desalcoholizado mediante ósmosis inversa y suavizado con microoxigenación. Ingredientes: agua, alcohol, uvas, tanino de castaña, extracto de roble, serrín de roble, levadura modificada genéticamente, urea, enzimas, zumo de uva, ácido tartárico, bentonita y Velcorin". Esto, creo yo, vino no es. Es bebible, no es mortal su ingesta esporádica (eso parece) y se vende con etiqueta pero vino, como yo lo interpreto, no es. Lo creía antes y lo creo mas aún ahora.


Pero, resumiendo, no he vuelto solo para esto. He vuelto para hablar de los vinos que me gustan, de la comida que me gusta y para dar cuenta de ello, además de para combatir, que lo tengan por seguro los que lo duden, a los " etiquetadores creativos" que llaman a lo que embotellan vino cuando resulta evidente que si algunos podrían etiquetar sus botellas con la leyenda " Uvas y residuo mínimo de azufre (cien partes por millón o menos)" lo que aquellos hacen no lo es.

Por comenzar con casos concretos, me estoy probando estos días los vinos de "La bodega de Alboloduy" del amigo Paco Calvache. Vinos mediterráneos que se definen solos. Plenos, alcohol (aunque controladito, la verdad, para esos calores) y aromas varietales de las uvas usadas (Tempranillo, Syrah, Garnacha o Cabernet Sauvignon). Lo probado hasta ahora, digo, me ha gustado, aunque no conozco precios ni cantidades. Lo puntualizare a lo largo de la semana, prometido.

Bueno, aquí estoy, libre de ataduras, cerrando capitulo aún y cortando los últimos "flecos" de los últimos tres años profesionales de mi vida. Espero que sigáis por aquí y poder atenderos como la mayoría os merecéis, tras el apoyo que me habéis trasmitido. Un enorme abrazo a todos y nada... que ya llegué.




*Las fotos, la primera del viñedo casi centenario de Abel Mendoza en San Vicente de la Sonsierra. La segunda, Sierra Cantabria de buena mañana...